Las paradas del bus se hacían eternas.
A veces se levantaba alguien del asiento de al lado y me dejaba respirar. Pero si algo era cierto es que nadie se atrevía a sentarse en el asiento enfrente mía.
Aquel día mis moratones por mis brazos se dejaban notar mucho.
Las palizas se habían vuelto demasiado seguidas.
Los golpes.
Los insultos.
Los escupitajos.
Hasta que en la décimo tercera parada del día se sentó alguien.
Alcé la mirada y me salvaron unos ojos negros del olvido.
sábado, 3 de julio de 2010
Se me escapan las ideas
No se ni que añadir a este espacio inventado en mi mente
Pero no me gusta lo que pasa por ella
Pero no me gusta lo que pasa por ella
sábado, 19 de junio de 2010
Smile
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